Algarabía 175: De colores

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Gracias al efecto óptico que nos permite
refractar la luz podemos diferenciar el
azul del rojo, o ver a la pantera rosa de
este color, a la clorofila verde y al azul que
inventó yves klein; incluso ir más allá y percibir
el rojo profundo y tan mexicano de la grana
cochinilla y de otros pigmentos. Por la teoría
del color podemos entender la diferencia
entre el solferino y el magenta, llamados así
en honor a dos batallas históricas, y también
al gran agujero azul de belice, un cenote único
y, obvio, azul, que se encuentra en una reserva
ecológica al sur del país.
Esta Algarabía también pasea por los libros y los lugares
que ostentan algún color y que sorprenden por lo profuso;
también nos detenemos en el origen de los nombres de
los siete colores del arcoíris y por el espectro de nuestros
deliciosos moles; así como por los sentimientos: «verde
de envidia» o «rojo de coraje».
Porque la vida se ve mejor a color, nos adentramos en los
ya míticos y coloridos alebrijes, en el programa de pintura
al óleo de Bob Ross, en las tlapalerías —del náhuatl tlapalli,
‘color’—, en el invento de González Camarena que tiñó la
televisión y en las primeras películas que nos ofreció el
Technicolor. También les contamos una anécdota en blanco
y negro de Ed Wood, qué diferencia hay entre un moretón,
un cardenal y la púrpura, por qué es un mito ése de que las
mujeres no pueden ser daltónicas y por qué los Prismacolor
fueron tan cotizados en los tiempos en que se repartía la
Sección Amarilla.
Los dejo con este ejemplar que está lejos de ser una hoja en
blanco y espero que les permita ver la vida color de rosa

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Gracias al efecto óptico que nos permite
refractar la luz podemos diferenciar el
azul del rojo, o ver a la pantera rosa de
este color, a la clorofila verde y al azul que
inventó yves klein; incluso ir más allá y percibir
el rojo profundo y tan mexicano de la grana
cochinilla y de otros pigmentos. Por la teoría
del color podemos entender la diferencia
entre el solferino y el magenta, llamados así
en honor a dos batallas históricas, y también
al gran agujero azul de belice, un cenote único
y, obvio, azul, que se encuentra en una reserva
ecológica al sur del país.
Esta Algarabía también pasea por los libros y los lugares
que ostentan algún color y que sorprenden por lo profuso;
también nos detenemos en el origen de los nombres de
los siete colores del arcoíris y por el espectro de nuestros
deliciosos moles; así como por los sentimientos: «verde
de envidia» o «rojo de coraje».
Porque la vida se ve mejor a color, nos adentramos en los
ya míticos y coloridos alebrijes, en el programa de pintura
al óleo de Bob Ross, en las tlapalerías —del náhuatl tlapalli,
‘color’—, en el invento de González Camarena que tiñó la
televisión y en las primeras películas que nos ofreció el
Technicolor. También les contamos una anécdota en blanco
y negro de Ed Wood, qué diferencia hay entre un moretón,
un cardenal y la púrpura, por qué es un mito ése de que las
mujeres no pueden ser daltónicas y por qué los Prismacolor
fueron tan cotizados en los tiempos en que se repartía la
Sección Amarilla.
Los dejo con este ejemplar que está lejos de ser una hoja en
blanco y espero que les permita ver la vida color de rosa

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