Algarabía 179: Da ñañaras

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Una gran cantidad de porquerías, cerdadas,
asquerosidades, guarrerías, cochinadas,
suciedades e inmundicias componen este
número 179 de Algarabía. Desde la inefable
e ignominiosa tripofobia que más que dar
ñáñaras enchina el cuero, hasta el food porn
—o cómo los gringos perdieron el camino de
la gastronomía—, así como el origen erótico
o cochinón de la hoy imprescindible Wikipedia,
para colmar con ese objeto con el que yo
simplemente no puedo: el mingitorio.
rico!
Una anécdota poblana sobre unas meadas pagadas y la
isla tóxica del Pacífi co Norte se entrecruzan con la pobrecit a
de Julia Past rana y su dest ino monst ruoso, con los libros
«de la cintura pa’abajo y del muslo arriba» —como decía
mi abuela Nieves— y con los atascones de Gargantúa
y Pantagruel y de La Grande Bouff e de Marco Ferreri, para
dar paso a remedios médicos asquerosos y a la hist oria
del primer pornógrafo: Pietro Aretino.
Pero si todo lo anterior no le dio a ust ed, querido lect or,
fúch ila, guácala, morbo o fo, sí se lo darán los tipos de mocos,
un fragmento «asqueroso» de El nombre de la rosa, de
Umberto Eco, las uñas sucias y el hiperrealismo cl aroscuro
de los cuadros de Caravaggi o, o el saber que, hoy por hoy,
hay más plást ico que peces en el mar y cuáles son los países
más sucios del mundo.
Para cerrar hablaremos del ridículo y absurdo lenguaje
especiesi st a —no les digan cerdos a los cerdos— que es de
risa loca y ponemos broch e de oro con una brevísi ma hist oria
de las bebidas embriagantes y espirit uosas, porque ése es
el único artículo que no da asco, en est e número ñañaroso
que ojalá le aguante todo el mes, queridísi mo lect or.
Síganos en redes @algarabia, y oigan nuest ro podcast de
Algarabía radio en iTunes o Spotify, no se va a arrepentir. 

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Una gran cantidad de porquerías, cerdadas,
asquerosidades, guarrerías, cochinadas,
suciedades e inmundicias componen este
número 179 de Algarabía. Desde la inefable
e ignominiosa tripofobia que más que dar
ñáñaras enchina el cuero, hasta el food porn
—o cómo los gringos perdieron el camino de
la gastronomía—, así como el origen erótico
o cochinón de la hoy imprescindible Wikipedia,
para colmar con ese objeto con el que yo
simplemente no puedo: el mingitorio.
rico!
Una anécdota poblana sobre unas meadas pagadas y la
isla tóxica del Pacífi co Norte se entrecruzan con la pobrecit a
de Julia Past rana y su dest ino monst ruoso, con los libros
«de la cintura pa’abajo y del muslo arriba» —como decía
mi abuela Nieves— y con los atascones de Gargantúa
y Pantagruel y de La Grande Bouff e de Marco Ferreri, para
dar paso a remedios médicos asquerosos y a la hist oria
del primer pornógrafo: Pietro Aretino.
Pero si todo lo anterior no le dio a ust ed, querido lect or,
fúch ila, guácala, morbo o fo, sí se lo darán los tipos de mocos,
un fragmento «asqueroso» de El nombre de la rosa, de
Umberto Eco, las uñas sucias y el hiperrealismo cl aroscuro
de los cuadros de Caravaggi o, o el saber que, hoy por hoy,
hay más plást ico que peces en el mar y cuáles son los países
más sucios del mundo.
Para cerrar hablaremos del ridículo y absurdo lenguaje
especiesi st a —no les digan cerdos a los cerdos— que es de
risa loca y ponemos broch e de oro con una brevísi ma hist oria
de las bebidas embriagantes y espirit uosas, porque ése es
el único artículo que no da asco, en est e número ñañaroso
que ojalá le aguante todo el mes, queridísi mo lect or.
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